Intacta

IMG_20160613_181044El mar se enroscaba con fiereza en el borde de la playa. Sentado al filo de la espuma, veía cómo las olas dejaban al descubierto algunas piedras de diferentes tonos. La erosión había producido en ellas un extraño efecto, puliéndolas hasta darles una apariencia lechosa y cristalina al mismo tiempo. Algunas vetas de colores contrastaban con el inconfundible símbolo azul del Acuña. La aplicación de imágenes presumía en las redes de haber conseguido registrar en su web absolutamente todo lo que existía en el mundo. Desde el insecto más recóndito del planeta hasta el grano de arena más pequeño de la playa más remota del mundo. Nada conseguía escapar al objetivo de los millones de usuarios que se encargaban día a día de mantener actualizada la base de datos de imágenes. El mayor ejército al servicio de la mayor empresa digital de la historia.
Sin embargo, hacía años que no se fotografiaba a un Intacto, como se les había dado llamar a los objetos que jamás habían sido cazados por un objetivo. De hecho, la empresa había lanzado una campaña publicitaria destinada precisamente a que los usuarios se lanzaran a hacer nuevos descubrimientos. Prometían una suculenta suma a los descubridores. Y, mientras tanto, habían ido adaptando sus herramientas de realidad aumentada de manera que se premiase también a los usuarios que consiguieran los objetos menos fotografiados. De esta forma, algunos objetos se presentaban ante las lentes de realidad aumentada con números del cero en adelante. Era raro encontrar algunos con el logotipo azul y un número inferior al cien.
Y ahora, de repente, un diminuto logotipo de color rojo se presentaba ante mí como un enorme iceberg, en mitad del vasto océano. Un Intacto. El rastro extraño de lo que ha permanecido oculto a la erosión digital del Acuña. Una diminuta piedra de color negro.
La contemplé durante un par de segundos. Los dos únicos segundos que la separaban de la siguiente ola.
Después la diminuta piedra redonda desapareció entre un amasijo de espuma, agua salada y granos de arena.
Ni siquiera me molesté en perseguirla, ni en buscarla nuevamente. Me gustaba pensar que una Intacta permaneciera intacta.

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