Adoctrinamiento en las aulas

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Mucho se habla últimamente sobre el adoctrinamiento en el entorno de la escuela. Hace unos meses llamaban a declarar a ocho docentes en Cataluña por un presunto delito de incitación al odio, en torno al conflicto acaecido el pasado 21 de octubre. Y hoy me entero de que una nueva sombra se cierne sobre los y las maestras valencianas, como si de una nueva caza de brujas se tratara: el PP habilita en su página un formulario para que cualquiera pueda denunciar por adoctrinamiento a los profesores de sus hijos.

Me parece relevante el hecho de que se haya perseguido a determinados docentes y se acuse en términos generales a toda la comunidad educativa con fines ya no políticos, sino partidistas. Y lo que más me sorprende es que el resto de la sociedad se eche las manos a la cabeza al escuchar que en los centros educativos se habla de ideas y de política, como si acabáramos de caernos de un guindo o fuéramos extraterrestres recién llegados de Alfa Centauro, y se señale con el dedo a todos los docentes, sin excepción, como culpables de un hecho que es, sin embargo, mucho más común de lo que pensamos, por suerte. Sigue leyendo

Cajeros automáticos

Era indignante, la verdad. Siempre había acudido allí porque aún mantenían personal para atenderte, pero desde que el resto de servicios decidieron poner aquellos malditos cajeros expendedores fue sólo una cuestión de tiempo. Hacía frío y era de noche, la calle estaba vacía, salvo por algún coche despistado que acudía también a servirse.

Introduje de mala gana la tarjeta en la ranura y esperé a que la máquina me realizara las preguntas pertinentes. Un tiempo que dediqué a estornudar y a preguntarme cómo habíamos podido llegar tan lejos. Las calles se llenaban cada fin de semana de protestas por la falta de trabajo, y sin embargo, nos habíamos ido dejando convencer por pura comodidad. Es cierto que lo del cajero era mucho más rápido, y a veces incluso más efectivo que el propio personal, pero… el trato humano siempre me pareció imprescindible.

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Foto extraída del Diario de Cantabria

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El incendio

El hombre se había sentado en un conglomerado de ladrillo y cemento ennegrecido que alguien había dejado, junto al resto de escombros y neumáticos gastados, al lado de su casa, ya no recordaba cuándo. Quizás estuviera allí antes de que él llegara. Había hundido la cabeza entre los brazos y apoyaba los codos en las rodillas. Con ello, trataba de contener su rabia y desesperación. Ya no quería mirar más el fuego, pero el sonido de las maderas al sucumbir ante las llamas le llegaba a través del aire caliente en mitad de la noche.elincendio

Al menos todos habían conseguido salir con vida antes de que las llamas envolvieran la chabola en la que habían vivido durante los últimos años. En cuestión de minutos habían alcanzado una furgoneta y un par de coches convertidos en chatarra, que llevaban años acumulando herrumbre y hundiéndose en el barro. No valía la pena seguir luchando más. Lo habían perdido todo. Sigue leyendo

Nadie nos va a regalar nada…

cifuentes-he-man_74c941e8Me sorprende ver a tanta gente llevándose las manos a la cabeza con lo del máster de Cifuentes.

Sí, he leído incluso a docentes que han manifestado, enfadados, y con cierta razón, que no saben qué decirles ahora a sus alumnos en relación con el esfuerzo. Que si yo nunca he regalado nada, que si las cosas hay que ganárselas, que si hay que esforzarse…

Me sorprende que pensemos, a estas alturas de la película, que la sociedad que hemos construido se sustente sobre valores como el esfuerzo, cuando que yo sepa, a día de hoy, siguen existiendo, y ganando dinero por encima de sus posibilidades, Cristianos Ronaldos, Messis, Amancios Ortegas, Felipes Sextos, Belenes Esteban, M. Rajoys… Sí, esos a los que muchos defienden y justifican con la ya consabida frase de “…es que lo generan” o “…es que lo valen”, y que no hace otra cosa que afianzar una y otra vez la burla que significa para gente que realmente se esfuerza en conseguir lo poco que tiene. Es decir, que hemos aceptado el cinismo como fuente de explotación de nuestras propias personas. Nos hacen creer que el esfuerzo es lo más importante en esta vida para después rebozarnos una y mil veces por la cara los éxitos de estos personajes, cuyos méritos son, cuanto menos, dudosos. Sigue leyendo

Vallas publicitarias

Se detuvo ante aquel cartel. Estaba convencido de que el día anterior, cuando pasó por allí, a la misma hora, después del trabajo, no estaba. No se trataba de un cartel normal, una valla publicitaria al uso. En aquella imagen no se anunciaba ningún producto o marca, no. Al principio no entendió el mensaje, pero luego lo vio claro. No lo había puesto ninguna empresa, ningún vendedor. No era eso. Era una fotografía, una simple fotografía tomada con una cámara corriente. Ni siquiera estaba bien enfocada y la luz era bastante precaria. Pero cumplía su cometido. No pasaba desapercibida para nadie. De hecho, eran ya varias personas las que observaban atónitas con el cuello doblado hacia el cielo en una pose que esperpéntica que tenía algo de artificial. De hecho, era probable que fuera eso lo que pretendían los que la habían puesto allí. Provocar dolor en los espectadores de forma deliberada. Despertar conciencias. Denunciar una situación de la que rara vez informaban los telediarios. Obligar a mirar hacia el foco del problema. No había ninguna duda. Era como si la valla, de repente, hubiera adquirido un doble sentido: el publicitario y, al mismo tiempo, el de abofetearnos por nuestra necesidad de aislarnos del resto del mundo, de separar a los ricos de los pobres, de ocultar el miedo. Un elemento para decorar nuestro capitalismo enfermizo, nuestra más absoluta falta de empatía. La valla de las concertinas había rajado de golpe la del consumismo de alturas. Era una imagen terrible, completamente desoladora, insultante hasta el límite, inhumana. Había leído algo en las redes, pero desconocía que la situación fuera tan grave. Entonces le invadió la rabia y la repulsa. No podía quedarse quieto ante aquello, había que hacer algo.

Cogió el teléfono móvil de su bolsillo y marcó tembloroso varios dígitos. Se sentía irritado, superado. Éste dio la señal de llamada y, al instante, alguien, una voz de hombre anodina, contestó al otro lado.

– ¿Policía, dígame?

– Me gustaría denunciar un acto de vandalismo, agente. Alguien ha colocado unos carteles obscenos en una de esas vallas publicitarias. Creo que deberían enviar a alguien para que los retirara inmediatamente. Podrían verlo… niños… Es demasiado fuerte. No sé a quién se le ha podido ocurrir algo así, es de locos…

Tras finalizar la llamada se sintió más calmado, más seguro. Regresó a su ceguera diaria.

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Escribir

IMG_20180129_224939Escribir te convierte en una persona singular, capaz de escalar las más altas montañas, atravesar profundos océanos e incluso llegar hasta los lugares más recónditos del universo. Y no lo digo en sentido figurado o simbólico, sino que estoy profundamente convencido de que es así.

Porque el ejercicio de escribir requiere de hacer uso de la constancia, del esfuerzo, la valentía, la resiliencia… Esos son nuestros músculos, nuestro increíble poder, el que nos hace sentarnos delante de un papel en blanco día a día y enfrentarnos una y otra vez a la nada más absoluta, la que hay más allá del mundo conocido, el que nos proporciona esta realidad ya escrita, ya pensada para nosotros, predeterminada.

Porque escribir no es otra cosa que abrir nuevas sendas, inventarnos nuevos retos, desafiar al vacío. En cierto modo, somos exploradores, argonautas navegando la incertidumbre.

La muerte de Soufian, las declaraciones del consejero y la estigmatización de la pobreza

En primer lugar os voy a pedir disculpas, porque escribo estas líneas apresuradamente, sin demasiado sosiego. Y es que aún me dura la indignación y la pena tras unas declaraciones del consejero de bienestar social tras el fallecimiento de dos menores no acompañados en Melilla. No sé si las habéis leído, pues a este tipo de noticias no se les suele dar demasiada difusión porque no interesa, pero si no, os dejo aquí el enlace.

El trabajo social, desde mi punto de vista, existe para mejorar la vida de las personas, especialmente las más vulnerables, incluso aquellas que pueden resultar “molestas”. Precisamente porque la mejora de las condiciones de vida de estas personas influye positivamente en la vida de todos.

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Fotografía tomada por José Palazón en la valla de Melilla.

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