Nadie nos va a regalar nada…

cifuentes-he-man_74c941e8Me sorprende ver a tanta gente llevándose las manos a la cabeza con lo del máster de Cifuentes.

Sí, he leído incluso a docentes que han manifestado, enfadados, y con cierta razón, que no saben qué decirles ahora a sus alumnos en relación con el esfuerzo. Que si yo nunca he regalado nada, que si las cosas hay que ganárselas, que si hay que esforzarse…

Me sorprende que pensemos, a estas alturas de la película, que la sociedad que hemos construido se sustente sobre valores como el esfuerzo, cuando que yo sepa, a día de hoy, siguen existiendo, y ganando dinero por encima de sus posibilidades, Cristianos Ronaldos, Messis, Amancios Ortegas, Felipes Sextos, Belenes Esteban, M. Rajoys… Sí, esos a los que muchos defienden y justifican con la ya consabida frase de “…es que lo generan” o “…es que lo valen”, y que no hace otra cosa que afianzar una y otra vez la burla que significa para gente que realmente se esfuerza en conseguir lo poco que tiene. Es decir, que hemos aceptado el cinismo como fuente de explotación de nuestras propias personas. Nos hacen creer que el esfuerzo es lo más importante en esta vida para después rebozarnos una y mil veces por la cara los éxitos de estos personajes, cuyos méritos son, cuanto menos, dudosos. Sigue leyendo

Escribir

IMG_20180129_224939Escribir te convierte en una persona singular, capaz de escalar las más altas montañas, atravesar profundos océanos e incluso llegar hasta los lugares más recónditos del universo. Y no lo digo en sentido figurado o simbólico, sino que estoy profundamente convencido de que es así.

Porque el ejercicio de escribir requiere de hacer uso de la constancia, del esfuerzo, la valentía, la resiliencia… Esos son nuestros músculos, nuestro increíble poder, el que nos hace sentarnos delante de un papel en blanco día a día y enfrentarnos una y otra vez a la nada más absoluta, la que hay más allá del mundo conocido, el que nos proporciona esta realidad ya escrita, ya pensada para nosotros, predeterminada.

Porque escribir no es otra cosa que abrir nuevas sendas, inventarnos nuevos retos, desafiar al vacío. En cierto modo, somos exploradores, argonautas navegando la incertidumbre.

La muerte de Soufian, las declaraciones del consejero y la estigmatización de la pobreza

En primer lugar os voy a pedir disculpas, porque escribo estas líneas apresuradamente, sin demasiado sosiego. Y es que aún me dura la indignación y la pena tras unas declaraciones del consejero de bienestar social tras el fallecimiento de dos menores no acompañados en Melilla. No sé si las habéis leído, pues a este tipo de noticias no se les suele dar demasiada difusión porque no interesa, pero si no, os dejo aquí el enlace.

El trabajo social, desde mi punto de vista, existe para mejorar la vida de las personas, especialmente las más vulnerables, incluso aquellas que pueden resultar “molestas”. Precisamente porque la mejora de las condiciones de vida de estas personas influye positivamente en la vida de todos.

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Fotografía tomada por José Palazón en la valla de Melilla.

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No-Propósitos para el 2018

No nos engañemos…

en este año que viene, el 2018, no tendremos más suerte que en el año que se va. No conseguiremos que el mundo sea un poco más justo porque un mundo más justo requiere un esfuerzo que no estamos dispuestos a hacer; tampoco lograremos estar más delgados ni más guapos porque el tiempo jamás irá hacia atrás y el gimnasio estará demasiado lejos y costará demasiado; ni nos tocará la lotería y tampoco vendrá nadie a ofrecernos un trabajo mejor porque ni siquiera abundan los trabajos de mierda; no seremos ricos/as, ni mejoraremos nuestra posición en la escala social porque los puestos ya están dados de antemano y nosotros no estamos en la lista; nuestros políticos seguirán riéndose de nosotros y robándonos a manos llenas porque no tenemos poder para cambiarlos y preferiremos seguir despotricando de ellos en bares y redes sociales; no seremos más listos porque el agotamiento diario nos impedirá apagar la televisión y coger un libro, y seguiremos apoyando el mismo sistema educativo que nos ata; no conseguiremos elegir a los representantes de nuestra república porque los reyes y su numerosa prole seguirán chupando del bote por conseguir negocios a grandes empresas en dictaduras de extremo oriente; no nos subirán el salario mínimo porque esperarán a después de las elecciones para decirnos que no hay dinero; no dejarán de morir personas que huyen de la guerra en el Mediterráneo porque el miedo será más fuerte que la solidaridad; tampoco las mujeres serán iguales a los hombres porque los hay que no quieren renunciar a sus privilegios y se seguirá viendo raro que un hombre demuestre sus sentimientos en público; no dejarán de desahuciar a personas de sus casas porque se seguirá culpabilizando a los pobres de su miseria; y la gente sesguirá votando a los mismos sinvergüenzas de siempre porque seguirán pensando que es la única forma de subir en la escala social…

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No, no nos engañemos, ninguno de nuestros deseos se cumplirá en este 2018.

Pero sabéis que os digo, que me la suda, que no espero nada de este año, pero tampoco pienso rendirme. Seguiré dándole vueltas al coco, buscando soluciones, pensando caminos, rutas, senderos, soñando el porvenir y construyendo pequeños “oasis” para compartirlos con los que quiero y me quieren.

¡A por el 2018!

Invisibles

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Hay niñ@s y niñ@s.

El sábado se suicidaba en pleno corazón de Europa un niño refugiado afgano de once años, que vivía en un albergue en el centro de Viena y que tenía a su cargo a sus tres hermanos pequeños. Unos de esos niños que huyen de la guerra de sus mayores.

Dos hermanos de dos y tres años morían de la mano en el incendio de su casa en Bilbao la pasada primavera. Sus padres eran de esos que se dedican a la venta ambulante, de los que sufren algo ya tan cotidiano como la pobreza energética.

Y también ayer morían dos niños en la frontera con Ceuta y nada se ha sabido en los medios de comunicación. Sus familias serían inmigrantes que buscan mejorar sus situación en una Europa más rica.

Y tantos y tantos otros… Y todo esto sucede aquí, no a miles de kilómetros. Al lado de tu casa.

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Convivir y renovarse

IMG_20171030_174122Hace algunos años mi familia y yo fuimos “adoptados” por un pueblo. Bueno, en realidad lo hicieron sus vecinos, las personas que viven o veranean en él. Buscábamos un lugar donde desconectar con el ruido de la ciudad y conectamos con otro tipo de sonidos.

Uno de ellos, uno de los más gratificantes, es el que se genera en la romería que cada año se realiza a la ermita del pueblo. Se trata de un evento veraniego en el que las familias, tras el correspondiente paseo a la virgen, se reúnen a comer. Nosotros, como no somos creyentes, sólo vamos a la comida. Aunque yo pienso que, incluso para los que van y tienen devoción a la virgen, lo importante es otra cosa, es una excusa para juntarse.

La ermita se encuentra, como todas las ermitas de España, situada a cierta distancia del pueblo, en un terreno que hoy en día sigue siendo propiedad de la Iglesia, cubierto de numerosos árboles, manzanos, perales, pinos, castaños y nogales. Incluso cuenta con su propio manantial de aguas milagrosas, cuyos maravillosos efectos han sido transmitidos de generación en generación por estas singulares gentes. No en vano el ilustre escritor Alejandro Dumas le regaló en su día un pequeño relato -probablemente precursor del Don Juan Tenorio- a la fuente. En éste, una monja sana, gracias al agua del manantial, las terribles heridas de un noble caballero del que termina enamorada.

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¿Dónde están los cantautores?

A-333361-1254672622.jpegRondaría yo los veinte años. Cada mañana me comía alrededor de una hora y cuarto de viaje hasta la universidad, donde había comenzado a estudiar Educación Musical. En aquellos tiempos me interesaba poco o nada la política y la cuestión de “lo social”. Estaba mucho más preocupado por quedar con los amigos el fin de semana y saber si la chica que me gustaba iba a interesarse, aunque fuera sólo un poquito, por mí.

Cercanías hasta Atocha, cambio de andén hacia Nuevos Ministerios, Línea 1 o el 131 hasta Metropolitano. Facultad de Educación. Y, en todo ese trayecto, me acompañó siempre alguna lectura, pero sobre todo, mi walkman (que más tarde se convertiría en diskman). Recuerdo que cambiaba las cintas con mis compañeros de clase y, gracias a ellos, descubría nuevos músicos. Eran mi Spotify particular, mis gestores de contenidos musicales. También era el tiempo de las radiofórmulas, en las que la música era seleccionada a conciencia para un público juvenil que devoraba a golpe de modas todo lo que le caía en las manos. Las emisoras repetían una y otra vez los mismos supuestos éxitos, una ventana a un mundo musical reducido y muy marcado por las compañías discográficas, más pendientes de conseguir productos que generaran ganancias que de potenciar productos de calidad. Y, por supuesto, estas canciones hablaban de lo mismo que me interesaba a mí en aquella época: de nada. Sin embargo, aún se colaban en aquellas listas, cualquiera sabe por qué razón, algunos músicos cuyas letras hacían referencia a contenidos políticos. Me refiero a los cantautores.

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