Un Viernes de cuento

img-20170225-wa0007El pasado 24 de febrero tuvimos la suerte de poder compartir un rato con los chicos y chicas de “Viernes de cuento”. Éste es un proyecto que siempre ha despertado mi curiosidad, porque es uno de esos “oasis” que merece la pena cuidar. “Viernes de cuento” nace en el colegio público Virgen del Carmen de Parla. Lo organizan un grupo de madres (entre ellas mi buena amiga Susana SinPecas) y profes del centro que, de forma desinteresada, se juntan cada viernes para aportar lo que pueden a un grupo de niños y niñas, de entre 9 y 12 años, del propio centro. El proyecto nació con el objetivo de fomentar la narración oral y el gusto por los cuentos en los participantes. Imagino que en un principio las movió lo que nos mueve a todas las familias cuando nuestros críos son pequeños: proporcionarles experiencias satisfactorias y enriquecedoras.

No creo que entonces pensaran ellas el éxito que iba a tener el proyecto entre el alumnado del centro. Hubo años que se apuntaron un puñado y otros que tuvieron lista de espera. Actualmente cuentan con un grupo de 10-12 chicos y chicas y, a pesar de que sus hijos hace tiempo que dejaron de participar en el proyecto, ellas siguen allí, cada viernes, puntuales. Me cuentan que a veces se sienten cansadas, que no encuentran momentos para reunirse y programar actividades. Pero, a pesar de las dificultades, siguen ahí, cada viernes.

Me parece que han logrado algo muy importante, algo que es completamente inusual en el mundo en el que vivimos, pero que, al mismo tiempo, es la semilla de un mundo mejor.

Hoy en día todos los niños y niñas pueden disfrutar de estupendas actividades después de su colegio. La gran mayoría las imparten empleados jóvenes, mal pagados y que están realizando un acercamiento al mundo laboral. Pero todos los niños pagan sus correspondientes cuotas, en todo hay una transacción económica. En “Viernes de cuento” esto no sucede. Las cosas se hacen porque son importantes, porque el motivo que les mueve a hacerlo es la ilusión, el afecto, el compromiso. Todos pueden asistir. Sólo se requiere jugar con la imaginación. Y no, no señores, no todo tiene que pasar por el filtro del dinero.

Y este viernes, tuvimos la suerte de poder aportar nuestro pequeño granito de arena al proyecto, Carlos Lapeña y yo. Fuimos, y lo pasamos en grande con nuestro “mini”-taller de escritura. Y seguramente, nos llevamos mucho más nosotros que ellos, aunque suene manido y casi cursi.

Les deseo mucho ánimo y fuerza para continuar con algo que es una rareza maravillosa y fantástica.

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