Invisibles

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Hay niñ@s y niñ@s.

El sábado se suicidaba en pleno corazón de Europa un niño refugiado afgano de once años, que vivía en un albergue en el centro de Viena y que tenía a su cargo a sus tres hermanos pequeños. Unos de esos niños que huyen de la guerra de sus mayores.

Dos hermanos de dos y tres años morían de la mano en el incendio de su casa en Bilbao la pasada primavera. Sus padres eran de esos que se dedican a la venta ambulante, de los que sufren algo ya tan cotidiano como la pobreza energética.

Y también ayer morían dos niños en la frontera con Ceuta y nada se ha sabido en los medios de comunicación. Sus familias serían inmigrantes que buscan mejorar sus situación en una Europa más rica.

Y tantos y tantos otros… Y todo esto sucede aquí, no a miles de kilómetros. Al lado de tu casa.

Hay niños y niños. Los hay visibles e invisibles. Cuyo dolor, e incluso cuya muerte, impacta o, por el contrario, pasa totalmente desapercibida.

Paralelamente se niega la posibilidad de los refugiados a ser acogidos lejos de la violencia, se legisla para que bancos y energéticas puedan seguir cobrando por encima de todos y de todos, se ponen concertinas en las fronteras que sólo existen para los pobres, se guardan a buen recaudo los derechos de aquellos que han tenido la suerte de nacer en un mundo supuestamente libre… Sin darnos cuenta de que cuando les quitamos derechos a los adultos, se los estamos quitando también a sus hijos.

Por eso, cuando nuestros políticos se hagan la foto en días como éste, recuérdales que muchos de ellos no apostaron por su seguridad, ni por su educación, ni por sus condiciones mínimas. Cuando alguien te diga aquello de “mételos en tu casa” refiriéndose a los refugiados que huyen de la guerra, muéstrales a todos esos niños y niñas invisibles cuya visibilidad también está marcada por el mercado, y cuyo dolor está sometido al azar. El azar de haber nacido blanco, occidental y con el dinero suficiente para dejar de ser invisible. Y cuando escuches a quienes justifican la brutalidad más inhumana hacia aquellos que buscan una vida mejor arriesgando sus vidas, con la excusa de que muchos son delincuentes o vienen con malas intenciones o que nos quitan el empleo o que se aprovechan de nuestros impuestos, diles que, además de ser falso, muchos de estos inmigrantes vienen acompañados de niños y niñas, y que muchos de ellos incluso vienen solos, desesperados y terriblemente asustados.

Y en días como hoy, el Día Universal del Niño/a, deberíamos tener presente que para garantizar de verdad sus derechos sólo hay un camino: garantizar los derechos humanos. Lo demás son sólo poses.

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